La semana pasada un cardiólogo de mi hospital subía esta foto a una red social, poniendo de manifiesto el ensañamiento terapéutico que sufren algunos pacientes.
En la foto el tratamiento con el que el paciente llegaba a la consulta y tachado lo que el cardiólogo suspendió al paciente.
Duplicidades, ya sea de principio activo o grupo terapéutico, interacciones, medicamentos con bajo valor terapéutico…el tratamiento no tiene desperdicio. Causas: nula coordinación primaria-especializada, falta de revaluación de los tratamientos, sistemas informáticos que te permiten “copia y pega” arrastrando toda la medicación anterior sin revisarla, poco interés por el tratamiento farmacológico de algunos profesionales sanitarios, poco tiempo asistencial y un sinfín de motivos que acaban con una devastadora polifarmacia que se retroalimenta.
Por acabar de manera elegante diré: mucho por hacer en este campo en donde tenemos que involucrarnos todos los profesionales.
Esta viñeta que me encontré el otro día por internet hacía alusión a esa situación donde la mujer es la farmacéutica y el técnico el hombre, pero la paciente cree que es al revés y se dirige a hacerle la pregunta farmacéutica al hombre.
Un gesto que podemos denominar un tanto machista y que ejercen en estos casos tanto hombres como mujeres.
Situación muy común el intercambiar funciones cuando están una médico y un enfermero. Cuando la sanitaria es una mujer joven y se creen que es alumna de prácticas (no suele pasar con los hombres). Y así una larga lista de ejemplos.
Sin ir más lejos, yo que trabajo con 9 farmacéuticas, alguna vez se han referido a mí como si fuese el único farmacéutico facultativo del hospital.
En fin, aunque parezca mentira, cosas que siguen pasando hoy en día…en un sector donde el 80% son mujeres.
Estaba tremendamente contenta, le esperaban charlas informativas sobre avances terapéuticos, me hablaba de un medicamento que regeneraba la mielina y tenia la esperanza de participar en el ensayo clínico. Se trata de la jornada “Living with MS day” destinada a pacientes y familiares. Isabel me comentó que asistiría el mismísimo Stephen Hawking. He estado viendo el programa de las jornadas y no he visto dicha participación, pero si lo dice ella…Al mostrar mi admiración por el astrofísico, me decía medio en broma, medio en serio, “le intentaré traer un autógrafo doctor”.
Independientemente del tema anecdótico, el evento cuenta con la participación de neurólogos muy prestigiosos a nivel europeo y es un ejemplo más de cómo está evolucionando la relación paciente-profesional. Recordé una noticia leída hace unos días sobre una Escuela Europea para formar a los pacientes en innovación terapéutica liderada por el Foro europeo de pacientes y que tiene como uno de sus objetivos crear pacientes expertos y pensé que a Isabel seguro que le interesaría.
El empoderamiento de los pacientes no es un cliché de moda, es una realidad que da pasos agigantados. Y a mi me gusta, porque veo a Isabel feliz, esperanzada y comprometida con su enfermedad y su tratamiento. Y como Isabel, muchos otros. Ahora nos queda a nosotros, los profesionales, estar a la altura y cambiar esa relación tan paternal y dominante que siempre nos ha gustado ejercer sobre los pacientes.
Parece que el culebrón de la hepatitis C llega al final de su primera temporada, porque todo hace prever que continuará. El 1 de abril se da luz verde a nuevos tratamientos, el escenario cambia y el coste por paciente parece que también.
Sanidad habla de tratar a todos los pacientes con grado de fibrosis 2 en adelante, parece que por fin hay dinero y los enfermos ponen fin a sus encierros.
Sin embargo en los hospitales se siguen dando miles de anécdotas fruto del sensacionalismo que ha tenido el tema, mal gestionado por todos y del histerismo colectivo que ha inundado a algunos.
El otro día acudía un paciente a consultas externas de mi hospital. El paciente tenía respuesta viral sostenida (para los neófitos “curación” de la enfermedad) y venía a revisión. Al terminar la consulta el paciente exigía que quería el famoso “Sovaldi” (si, el que aparece por la tele día y noche, ¿alguien esperaba una campaña de marketing tan brutal?), y amenazaba con denunciar al médico si no se lo prescribía. La respuesta evidentemente fue clara, "no tendrá el Sovaldi porque no lo necesita, usted está curado."
Solo queda hacer una recomendación: “Aunque entiendo que le cueste, por favor siga confiando en su sistema nacional de salud y como decían algunos, ante todo mucha calma”
En el último número de la prestigiosa revista médica The Lancet se publica un artículo que pretende llamar la atención sobre lo que podría ser un problema emergente: las lesiones en muñecas y dedos asociadas al uso abusivo del móvil, más concretamente a los teléfonos inteligentes y sus adictivas aplicaciones. Y se propone un nombre de lo más resultón: whatsappitis, en referencia a una de las apps de mensajería instantánea más populares.
En el texto, se describe el caso de una médica de Urgencias que, tras finalizar su turno, acabó de vuelta en su lugar de trabajo pero como paciente, debido a un súbito dolor en las muñecas aparecido al despertar por la mañana. Durante el examen, en el que se manifestó una importante molestia al mover los pulgares, la paciente explicó que no tenía antecedentes de traumatismos en la zona y que “no había participado en ninguna actividad física excesiva en los días anteriores”.
La paciente estaba embarazada de 27 semanas, por lo que no se le pudo realizar una radiografía y, además, alejaba la posibilidad de utilizar determinados fármacos. La dolorida doctora había estado de guardia durante la Nochebuena y, tras colgar la bata blanca en su taquilla, se dispuso a responder a todos los mensajes que le habían enviado por medio de WhatsApp con motivo de esa festividad.
“Sujetó el teléfono móvil, que pesaba 130 gramos, por lo menos durante 6 horas”, explica en este artículo la doctora Inés Fernández Guerrero, del Hospital Universitario de Granada. Y añade algo que cabía suponer: “Durante este tiempo, realizó movimientos continuos con ambos pulgares para enviar mensajes”. El diagnóstico para este dolor en las muñecas, asociado a la tendinitis en los pulgares, fue el que da nombre al texto publicado en The Lancet: whatsappitis.
Después de una semana larga y tener un poco abandonado este espacio tenía ya ganas de escribir. Tras un largo periodo se me ocurren muchos temas pero quiero abordar uno bastante interesante y bastante polémico: la promoción de la industria farmacéutica en las redes sociales.
Todo viene al hilo de que en el pasado Congreso Nacional de la Sociedad de Farmacia Hospitalaria, la cuenta del congreso en su perfil de twitter lanzó algunos tweets “patrocinados” por la industria farmacéutica. Este hecho ha dado mucho de que hablar en twitter en los últimos días sobre el tema, con un sector de profesionales totalmente en contra.
Algunos de los tweets de la "polémica"
El que la industria farmacéutica hace tiempo que está en las redes sociales y apuesta por esto a nadie se le escapa, pero quizás estemos pidiendo ya a gritos una regulación de este nuevo escenario que todavía no tenemos. Sabemos que en España, y en otros muchos países, solo se puede promocionar directamente al público los medicamentos no sujetos a prescripción, el resto debe ser solo promocionado a personal sanitario. ¿Cómo podemos monitorizar este cumplimiento en las redes sociales? Al fin y al cabo allí conviven pacientes, industria y profesionales directamente. Es difícil, pero a decir verdad parece que se hace, solo hay que acordarse de aquella polémica noticia de hace un par de años: “Bayer fue advertida por promocionar medicamentos con receta por twitter”
¿Dónde está el limite entre la información y la promoción?, aunque parezca fácil es un limite bastante sutil. Y en más de una cuenta de algún laboratorio he visto lanzar información de estudios clínicos de medicamentos sujetos a prescripción, ¿es eso promoción?
La polémica está servida, y el congreso de Málaga sigue dando de que hablar aunque a veces sea al estilo de Enrique Dans, que también lo tuvimos por allí, en “redes sociales que hablen de ti, aunque sea mal”
Yo solo añadir que nunca me gustaron los extremos y con unas “reglas del juego” justas y limpias sumamos todos. La verdad es que los tweets en cuestión no “atentan” contra nada, ni incumplen nada, salvo la palabra “patrocinados”, algo rara la verdad. Por otro lado creo que pocas veces se ha hablado tanto de nuestro congreso por el resto de profesionales sanitarios como este año, tanto para lo bueno como para lo malo, y me alegro enormemente.
Tres años al frente de un equipo, como pasa el tiempo. Tres años de pequeñas victorias y derrotas, tres años de lidiar batallas, algunas bonitas contra la enfermedad, otras más crudas pero necesarias contra “el lado oscuro”.
Tres años de plena crisis económica, donde dar un paso hacia delante cuesta diez veces más que antes. Una de las mejores cosas, el continuo aprendizaje, el conocer los entresijos de la gestión del sistema sanitario. Los diferentes perfiles de dirección, he coincidido con 4 gerentes diferentes hasta la fecha, creo que es un record. El darme cuenta que la politización ahoga la gestión y sobre todo que al final todo depende de las personas. Si, es así de crudo, todo sale adelante por unos pocos y desgraciadamente en muchas ocasiones hay más personas en el denominador que en el numerador. Con todo tres años de conocer gente magnífica, grandes profesionales, gente que te invita a seguir luchando y no perder la ilusión. Tres años de elevar esto a la enésima potencia con la inmersión en las herramientas 2.0, principalmente twitter.
Tres años de reuniones (más de la mitad prescindibles), de darme cuenta que por mucho que prediquemos seguimos siendo grandes desconocidos. Tres años de escuchar a muchos jefes la odiosa pregunta de y vosotros ¿que hacéis en Farmacia?. Tres años de sufrir una esquizofrenia identificativa, de llamarte farmacólogo, médico, boticario, chaval, señor, doctor, jefe… Tres años de perder prácticamente el contacto con los pacientes y el enriquecimiento vital de los mismos, es el precio que hay que pagar, aunque muchas veces me pregunto por qué.
Y sobre todo tres años de equipo, con ratos buenos y malos, con millones de anécdotas. Con momentos maravillosos e inolvidables y con momentos para guardar en lo más recóndito de la memoria y olvidar. Tres años de soportarme, gracias, y de no olvidarme nunca de que al fin y al cabo solo soy uno más del equipo. Y de que esto es solo una etapa de mi vida que cambiará en cualquier momento, pero que mientras tanto intentaré exprimir al máximo y hacer todo lo que pueda.
"Ya no me rompo cuando me desplomo, hoy me levanto y vuelvo a empezar. Ya no espero tener buena suerte, ahora la busco y suele llegar. Ya no arde sobre mojado cuando llegan las derrotas, ya no me moja la lluvia que apaga la voz.
Ya no discuto con gente sin alma, ya no trabajo para Satanás. Ya no frecuento a la secta del dogma, y veo las copas que llevo de más. Ya no arde sobre mojado cuando llegan las derrotas, ya no me moja la lluvia que apaga la voz."
Hay varios libros y mucho dicho sobre anécdotas de
pacientes, pero las anécdotas entre profesionales sanitarios también dan mucho
juego.
Hoy me comentaba una compañera que había bajado un
internista del hospital para preguntarnos si entendíamos la letra y el
medicamento que le había pautado un oftalmólogo a un paciente a su cargo, en
una interconsulta.
Si, ya se que lo preocupante del tema es que el internista
crea que nosotros vamos a entender la letra, pero es que al final solucionamos
el problema de la letra y el medicamento indescifrable.
El caso es que el tema me recordó a esta viñeta que vi el
otro día por Internet. Ver para creer.