Aunque en estos días la mayoría están en saladas playas, dulces ríos, bonitas bahías, piscinas cloradas, viajes de ensueño, fiestas de pueblos, acompañados de amigos, familiares, en chiringuitos, terrazas veraniegas… también estos días, aunque nos parezca mentira, hay gente enferma que sufre y gente que muere día a día en nuestros hospitales. Es la vida, ya lo sabemos, pero no deja de ser duro cuando te toca de cerca.
Hace unos días murió mi abuela paterna, una persona especial con sus defectos y virtudes. Mujer adelantada a su tiempo, espectadora de primera fila de la maldita guerra y luchadora en una época hostil. Bella, elegante, hasta sus últimos días pretendió ser joven hasta el final. Como a casi todos la vida le dio golpes, pero los intentó esquivar con la mayor sutileza. Afortunadamente gozó de buena salud hasta prácticamente sus últimos días y eso me reconforta.
Me he despertado de mi letargo vacacional rumbo a Madrid para entrar por todo eso que hemos inventado para pasar menos amargamente, si se puede, la muerte de un ser querido. Han sido unos días duros, pero especiales y llenos de recuerdos y anécdotas.
Hoy estoy escribiendo este post bajo un cielo cubierto y medio lluvioso, parece que también quisiera llorar su ausencia en medio de un agosto caluroso y veraniego. En cualquier caso, hasta siempre.
Foto: Barack Obama llora la muerte de su abuela Madelyn Payne
